Año 4, número 11
H. Puebla de Zaragoza a 28 de junio de 2001

170 Aniversario de la 
Escuela de Medicina 

Por José Gaspar Rodolfo Cortés Riveroll*

Teatro anatómico de la ciudad holandesa de Leiden: durante el verano se exponían esqueletos humanos y animales, tal como se hizo posteriormente en los museos de historia natural (grabado holandés, 1610)., pág. 160, tomado de Crónica de la medicina, Heinz Schott, Edit. Plaza&Janés, 1994.

l 6 de junio de 1831, el tercer Congreso Constitucional del Estado de Puebla aprobó la Ley para el "Ejercicio y Estudio de las Ciencias Médicas".1 Surge así, el tan anhelado sueño de médicos, cirujanos, flebotomianos y boticarios poblanos, que durante más de treinta años se había gestado. José Morales, Mariano Joaquín de Anzures y Zeballos, Nicolás Luna, Agustín Arellano, José Priego, Mariano Revillas, Antonio Chávez, Leandro González, José María Zepeda, Antonio Moreno, Francisco La Madrid, José González, Mariano Santa Cruz, Francisco García, Juan Fresmeda y Miguel Vyeira,2 que en 1802 creyeron en este sueño fundando la "Academia de Medicina, Anatomía y Farmacia",3 recibían ahora la noticia con beneplácito. Desde luego, ésta Academia ya no existía pues habiendo necesidad de una nueva legislación, fue reemplazada por la "Academia Médico Chirúrgica de la Puebla de los Ángeles" en 1824.4 Sus estatutos fueron discutidos y aprobados por el Congreso Constituyente del nuevo Estado de Puebla el 18 de enero de 1825,5 y con el lema Salus et Solatium, se propusieron los objetivos siguientes:

"Promover con la mayor constancia y por cuantos medios estén a su alcance, los adelantos de la medicina, cirugía y ciencias auxiliares de ellas.

"Formar un cuerpo de doctrina por el que puedan aprenderse, ambas facultades de un modo simultáneo, y en el que se procure hermanar lo más fácil, lo más útil y lo más conciso, evitando toda adhesión servil a los sistemas hasta ahora conocidos.

"Del mismo modo se encargará de formar una farmacopea, prefiriendo siempre las medicinas indígenas".6 

Como podemos constatar, ya se van perfilando los ideales de la formación médica: conocer y difundir los conocimientos de la medicina que en esa época se estaban generando en Europa y que han empezado a llegar al nuevo Continente sin censuras; lograr la unificación de las disciplinas médicas, siguiendo el ejemplo francés para mejorar la atención de los pacientes y la investigación de los medicamentos indígenas que pudiesen ser efectivos en el tratamiento de las enfermedades.

Fueron nombrados además, varios médicos honorarios entre los que destacan el Dr. Casimiro Liceaga, Director de la Escuela de Medicina de la ciudad de México; Don Mariano Carbofranco, Comisionado del Hospital de San Pedro y el Dr. Mariano Joaquín de Anzures y Zeballos, Director de la Vacuna.7 Si bien, la Academia participaba de la preocupación colectiva por la salud de la ciudad de Puebla, sus esfuerzos siempre estuvieron encaminados hacia la consolidación de una Escuela de Medicina, en este sentido, iniciaron una serie de publicaciones como las "Tablas Botánicas" o la "Utilidad que resulta de la unión de la Medicina y Cirugía" y siguieron con traducciones al castellano de textos como la "Posología de Cadet de Gassicourt", "Elementos de Clínica Médica Interior" y "Ensayo para la Materia Médica Mexicana", que contribuyeron a la generación y difusión del conocimiento entre los facultativos poblanos.

Tratamiento mediante sanguijuelas(litografía de Louis Boilly, 1827). Pág. 255, Crónica de la medicina, Heinz Schott, Edit. Plaza&Janés, 1994.

La Academia nunca descuidó la Salud Pública y era la encargada de dictaminar sobre las enfermedades epidémicas que llegaban a la entidad poblana; en el verano de 1825, se presentó una epidemia de escarlatina y tres miembros de la Academia, fueron designados para su estudio. Escalante, Méndez y Raudón, después de hacer sus observaciones publicaron: "Trimestre de las Enfermedades Constitucionales que reynaron en la estación del Estío de este presente año",8 que fue presentado ante la Academia y posteriormente al Ayuntamiento, y en el que menciona:

"En el seno de las academias es en donde registrándose el gran libro de la naturaleza, ya unos ventilan sus fenómenos y demarcan las leyes de la existencia, ya otros advierten las enfermedades y designan los medicamentos, ya otros analizan el cuerpo y patentizan sus diferentes partes, ya aquellos en fin velan las funciones de la economía viviente y demuestran el problema de la vida. Si hacemos mención de los hombres más célebres en la medicina veremos que casi todos están condecorados con el nombre de académicos, y leyendo las obras que los inmortalizan hallaremos que éstas encierran las opiniones y fundamentos que antes habían vertido en sus academias".9 

Esta forma de pensamiento, revela las intenciones reales de la Academia, constituirse en una Institución que no sólo sea necesaria para la ciudad, sino en una verdadera Escuela, en la que la investigación y docencia, de la mano de la asistencia, permita a todos sus agremiados un conocimiento no sólo basado en la experiencia, sino tamizado y expuesto ante la mirada de propios y extraños, tras la búsqueda del origen de las enfermedades, de los factores que las condicionan o determinan y de los medicamentos que se puedan utilizar para curarlas; en síntesis, ya habían logrado crear una verdadera Escuela de Medicina y trabajaron en forma tenaz para conseguir la autorización legal para constituir una Institución de prestigio y renombre.

Primer Reglamento de la
Escuela de Medicina

espués de aparecida la Ley el 6 de junio de 1831, empezaron a llegar las solicitudes para ingresar a la recién creada escuela. El 27 de septiembre de ese año, don Manuel Ignacio Ibarra fue el primero en solicitar su ingreso, acreditando las condiciones del Artículo 15 de la Ley, mostrando grado de Bachiller en Filosofía de la Universidad de México ante la Junta de Sanidad.10 Sin embargo, aún no se había diseñado un programa de estudios y los Artículos de la Ley no eran muy específicos, por lo que los miembros de la Academia, se dieron a la tarea de proponer un "Reglamento para el Ejercicio y Estudio de las Ciencias Médicas", que fue presentado al Congreso Constitucional del Estado de Puebla y aprobado por esta Institución el 28 de mayo de 1832.11 

El Reglamento consta de 89 artículos distribuidos en tres apartados que corresponden al ejercicio de la Medicina, al estudio de las Ciencias Médicas y a la Dirección de Sanidad. Los primeros 32 artículos señalan la normatividad para ejercer la medicina, la cirugía, la flebotomía o la obstetricia, pues aún, se estudian y se ejercen por separado. La autoridad máxima quedó constituida por la Dirección de Sanidad, ante la que se tenían que realizar todos los trámites pertinentes, incluso aquellos profesores12 nacionales o extranjeros que hubieran realizado sus estudios en otras Instituciones, debían presentar el Diploma competente e identificarse plenamente; para los que no contasen con un Diploma y que quisieran ser examinados, además de presentar una solicitud deberían comprobar que no se hallaban bajo proceso penal ni haber cometido faltas en el ejercicio de su profesión, como estaba previsto en el artículo 4º de la Ley.13 Cuando el candidato era aceptado, se le examinaba durante dos horas en el Colegio del Estado14 "en un riguroso catequismo de la teórica de todos los ramos de que va a ser profesor".15 Aprobado el profesor de Medicina o de Cirugía, se le extendía una matrícula por la Secretaría de Gobierno y estaba obligado para ejercer su profesión: presentar al Prefecto, Sub-Prefecto o Ayuntamiento, el diploma que lo acreditaba como tal; inscribir en la puerta de su casa su nombre y la profesión que ejerce; recetar con firma y fecha y en idioma latino sin abreviaturas; amonestar a los enfermos de peligro "con el fin de que se dispongan sacramental y temporalmente"; presentarse a la Dirección cuando sea requerido y desempeñar las comisiones que se sean conferidas; curar "bajo pena de multa", a los heridos y participarlo a las autoridades competentes, y dar aviso de cualquier epidemia que notara en función de las observaciones de sus pacientes.16 

Para los flebotomianos, el examen incluía el conocimiento de arterias y venas, operaciones de sangre generales y locales, sacar dientes y muelas, poner cáusticos y ventosas, abrir quistes y vendajes.17 Aprobado el examen, juraba ejercer bien, fiel y legalmente su profesión y recibía por la Dirección el correspondiente título, que después presentaba ante el gobierno para su autorización. Sus obligaciones eran parecidas a las de los médicos y cirujanos, pero además debería: "Tener todos los instrumentos del ramo y competente número de sanguijuelas usuables" y "Abstenerse de sacar sangre sin boleto de facultativo, que exprese la parte y cantidad en que ha de estraerse".18 

Para las Obstetras, aparte de su solicitud, debían presentar un certificado del Catedrático con el que hubieren cursado dos años de estudios19 y "carta de viuda o casada, y de honrada y buenas costumbres". Si era aprobada, juraba utilizar bien y fielmente su profesión, de asistir a los pobres y de guardar sigilo en los casos que lo requieran. La Dirección extendía el título y se presentaba ante el Gobierno para que lo autorizara. Entre sus obligaciones estaban: "De manifestar en los partos difíciles a la necesidad de que asista un profesor de Cirugía" y "De administrar bien el bautismo en todos los casos de necesidad, é instruir al Cura respectivo del modo con que lo hizo".20 

Los siguientes 39 artículos del Reglamento, se refieren a la "enseñanza de la medicina". Para ser alumno debía cumplir con los requisitos que marcaba el artículo 15 de la Ley,21 y si era aceptado por la Dirección de Sanidad debía presentarse ante el Comisionado del Hospital de San Pedro y al catedrático respectivo. Sus obligaciones consistían en asistir con puntualidad a las cátedras, obedecer y guardar respeto a los catedráticos y a los facultativos del Hospital, tener los libros designados y "curar de pinzas dos enfermos por lo menos".22

Los catedráticos tenían que entregar a la Dirección de Sanidad un método de enseñanza ordenado por el artículo 14 de la Ley y una lista de los instrumentos y útiles que necesitara para dar sus lecciones. El catedrático de Clínica era el encargado de la curación y asistencia de los enfermos que fuesen destinados para observación y estudio. Entre sus obligaciones se señalan: asistir con puntualidad, pues si llegaba 15 minutos después, se le descontaba el tiempo de la clase; para estos casos, fueron nombrados dos profesores suplentes que recibían como salario el importe del tiempo del propietario. También debían seguir el Plan de enseñanza aprobado y vigilar el comportamiento de los discípulos. Cuando hubiese casos de difícil diagnóstico y/o curación, se reunirían las Clínicas Médica y Quirúrgica a fin de observar y estudiar en forma conjunta al paciente, para llegar a un dictamen e incluso analizar los datos de la autopsia en caso de fallecimiento del paciente.23 

En términos generales se exponía en el Reglamento la propuesta de Plan de estudios para médicos y cirujanos: Anatomía Descriptiva y Anatomía General durante el primer año; Fisiología e Higiene durante el segundo; Operaciones y Partos durante el tercero; Materia Médica y Medicina Legal durante el cuarto; Clínica Interna y Clínica Externa con su respectiva explicación Patológica durante el quinto año y Botánica durante el cuarto y quinto año. Cada año comprendía dos cursos, de agosto a enero y de febrero a julio y sólo había suspensión de clases los días de fiesta religiosa o civil, los días de exámenes, los días de función literaria de la Facultad y los ocho días de vacaciones entre cada semestre.24 

Los últimos 18 artículos del Reglamento se referían a la Dirección de Sanidad, órgano máximo de esa Facultad. Los individuos que la componían, se turnaban la presidencia cada cuatro meses y sesionaban públicamente en el Colegio del Estado. Entre sus funciones y obligaciones, se encontraba el conservar y cuidar los instrumentos y útiles del establecimiento, además de la biblioteca de la Academia Médico-Quirúrgica, que pasaron al Colegio del Estado para uso de los catedráticos y alumnos. Usaba un sello grande que tenía en el centro el del Estado de Puebla y orlado con el lema: "Dirección de Sanidad del Estado Libre y Soberano de Puebla", que debían llevar todos los títulos, diplomas y demás documentos.25 

El cirujano Don Juan N. Raudón, a los 35 años de edad. (1788-1843). Ilustración y texto tomado de Raudón Cirujano poblano de 1810, edic. Ciencia, 1949, pág. 233.

Entre sus funciones se encontraban: nombrar o remover al Secretario, al Bedel o al Portero; consultar al Gobierno para el nombramiento de los catedráticos; revisar y aprobar las cartillas para el estudio y examen de los sangradores y parteras; contribuir a la formación de la estadística médica que exigía el Gobierno; en caso de epidemia, reunir información y designar a los profesores para dar ayuda a los ayuntamientos de los pueblos; proponer al Gobierno el reconocimiento de pueblos apestados para su curación y dietas que debieran disfrutar; vigilar que todos los facultativos que ejercieran en la ciudad, contaran con la debida autorización; promover los progresos de la Medicina; visitar con frecuencia las oficinas de los flebotomianos y dar aviso al Gobierno de los leprosos y dementes.26 Podemos observar que aparte de las funciones relacionadas con el ejercicio y enseñanza de la Medicina, la Dirección de Sanidad era la encargada de la Salud Pública de la ciudad y del Estado de Puebla, realizando las funciones que el desaparecido Protomedicato había tenido a su cargo.27 

Siguiendo a José Joaquín Izquierdo,28 varios autores que han escrito sobre el nacimiento de nuestra Facultad, han señalado que aunque la Ley de 1831 y el Reglamento de 1832 indicaban cómo debería ser la enseñanza de las disciplinas médicas, no fue sino hasta el 6 de enero de 1834 cuando ésta se inauguró. Efectivamente, es en 1834 cuando se inician las clases con el nuevo Plan de Estudios que hacía poco, la Dirección de Sanidad había aprobado. Como apreciamos anteriormente, el Reglamento sólo señala la duración de la carrera y las materias que había de cursar, por lo que la Dirección de Sanidad, encomendó a varios profesores que propusieran el programa, los libros y las metodologías de enseñanza de cada cátedra. El resultado fue un "Plan de Enseñanza y elección de Doctrinas que se han adoptado por la Dirección de Sanidad para que se sigan en las Cátedras de Medicina y Cirugía en el año entrante á propuesta de los respectivos catedráticos de las mismas".29 Este Plan fue propuesto el 28 de diciembre de 1833 y aprobado dos días después para iniciar las clases, como ya mencionamos el 6 de enero de 1834. Sin embargo, ¿Acaso no se formaban cirujanos y flebotomianos desde principios de ese siglo? ¿La cátedra del Arte de Partear, no fue establecida desde 1814, incluso mucho tiempo antes que en la ciudad de México? ¿O acaso los estudios de farmacéutico no se realizaron antes de esta fecha? Enero de 1834 marca una nueva época de formación médica, pero no señala el inicio de ella. Es la Ley del 6 de junio de 1831, la que otorga el carácter legal a nuestra Institución aunque careciese de actualizaciones curriculares.


* Profesor de Historia y Filosofía de la Medicina, Facultad de Medicina, BUAP

1 AAP, Leyes y Decretos, Libro 6, f. 92.
2 Jesús M. de la Fuente, Efemérides Sanitarias de la Ciudad de Puebla, México, Ed. El Escritorio, 1910, pp. 31-32.
3 Aunque algunos autores señalan su existencia desde 1798, la primera noticia oficial de su presencia apareció en la Gazeta de México el 13 de marzo de 1802.
4 J. Joaquín Izquierdo, Raudón, cirujano poblano de 1810, México, Ed. Ciencia, 1949, p. 234.
5 Biblioteca Lafragua, Actas de la Academia Médico Chirúrgica, Libro II, f. 3.
6 Ricardo Martínez Marañón, El Servicio Hospitalario en Puebla, Tesis Profesional presentada en 1944 para obtener el grado de Médico Cirujano y Partero en la Escuela de Medicina de la Universidad de Puebla, p. 79.
7 J.G.R. Cortés Riveroll, Mariano Joaquín de Anzures; Génesis de la medicina moderna en Puebla, Tiempo Universitario BUAP, 2000, Año 3, No. 19, p. 7.
8 J. Joaquín Izquierdo, Op. cit., p. 247.
9 Idem., p. 236.
10 Biblioteca Lafragua, Escuela de Medicina, Libro 29, f. 1.
11 AAP, Leyes y Decretos. Libro 6, ff. 91-102.
12 En el reglamento la palabra profesor se utiliza como sinónimo de profesionista y cuando se refieren a los profesores de la Escuela de Medicina, se les menciona como catedráticos.
13 Frecuentemente se hace referencia a la Ley del 6 de junio de 1831, porque este Reglamento no la contradice, sino que la explica y la amplía.
14 Nombre del Colegio Carolino que por decreto del Primer Congreso Constituyente recibió el 28 de mayo de 1825. Antonio Esparza Soriano, La Universidad de Puebla, Tiempo Universitario BUAP, 1999, Año 2, No. 15, p. 4.
15 AAP, Leyes y Decretos, Libro 6, f. 92v.
16 AAP, Leyes y Decretos, Libro 6, f. 93v.
17 AAP, Leyes y Decretos, Libro 6, f. 94.
18 AAP, Leyes y Decretos, Libro 6, f. 94v.
19 Recordemos que la cátedra del Arte de Partear, fue instalada en el Hospital de San Pedro por el Dr. Mariano Joaquín de Anzures y Zeballos desde el año 1814. Jesús M. de la Fuente, Efemérides sanitarias de la ciudad de Puebla, México, Ed. El Escritorio, 1910, p. 58.
20 AAP, Leyes y Decretos, Libro 6, ff. 95 y 95v.
21 "Artículo 15. Acreditar su honradez, que han cursado gramática latina, lógica y física, y que tienen alguna inteligencia en la versión del francés".
22 AAP, Leyes y Decretos, Libro 6, f. 95v.
23 AAP, Leyes y Decretos, Libro 6, ff. 96 y 96v.
24 AAP, Leyes y Decretos, Libro 6, ff. 97 y 97v.
25 AAP, Leyes y Decretos, Libro 6, ff. 99 y 99v.
26 AAP, Leyes y Decretos, Libro 6, ff. 100 y 100v.
27 El protomedicato fue la institución colonial que sobrevivió hasta 1831; su sede era la ciudad de México, pero tenía representantes en las principales ciudades. En la ciudad de Puebla el representante fue el doctor Mariano Joaquín de Anzures y Zeballos desde 1813.
28 J. Joaquín Izquierdo, Op. cit., p. 268.
29 Biblioteca Lafragua, Sanidad, Caja 1, 1834, ff.1-6.

 

Rafael Lucio Nájera
y el cierre de la escuela médica de Puebla
 

Jorge Zacarías Prieto *
Lorena Sánchez Rivera 
**

Rafael Lucio Nájera: Nació en Jalapa, Ver., en 1819; murió en la ciudad de México en 1886. Fue director del Hospital de San Lázaro (1843 a 1860), fundador de la Academia Nacional de Medicina (1864), de la que fue su presidente (1869 y 1880) y profesor (1845) y director de la Escuela de Medicina (1873 y 1885). Escribió Reseña histórica de la pintura mexicana de los siglos XVII y XVIII (1864) y Opúsculo acerca del mal de San Lázaro o elefantiasis de los griegos (1851), en colaboración con el doctor Ignacio Alvarado, donde por primera vez se describe la lepra manchada. Foto y texto tomado dela enciclopedia de México.

as constantes luchas por el poder entre liberales y conservadores durante el siglo XIX, así como las amenazas e invasiones al país por potencias extranjeras, dieron como resultado un caos que repercutió en todos los ámbitos del país; la medicina no fue la excepción. El erario público tuvo constantes bajas que se reflejaron en las aulas del establecimiento de ciencias médicas; sin embargo, pese a tales situaciones adversas, la instrucción pública se comienza a reorganizar y replantear, para arribar a tiempos mejores. Esto sucede también con la enseñanza de la medicina.

Se puede decir que la reorganización de la enseñanza de la medicina se inicia a partir de 1833, cuando gracias a la Ley de Instrucción Pública de dicho año se crea el Establecimiento de Ciencias Médicas con un plan de estudios muy de acuerdo con las corrientes más avanzadas de la época. En 1867 se da a conocer la Ley Orgánica de Instrucción Pública con un proyecto bastante progresista y liberal para ese tiempo que, además, codifica los asuntos presupuestarios de modo benéfico para la enseñanza científica.

En ese periodo, en 1838, el joven Rafael Lucio Nájera se integra al Establecimiento de Ciencias Médicas, para ingresar; se requería de lo siguiente: fe de bautismo, certificado de conocimientos de botánica, de filosofía, de buenas costumbres y otros documentos, que nuestro personaje reunió sin problema alguno, tal como se pone de relieve en el recibo firmado por él en donde consta que le fueron regresados tales documentos1 al finalizar su instrucción médica en 1842, obteniendo su título con nota de sobresaliente. Por lo demás, este atributo lo distinguió durante toda su carrera, y lo llevó un año antes de titularse a ganar por oposición la plaza de Ejercicios Prácticos de Medicina Operatoria.

En 1843 Lucio Nájera es designado director del Hospital de San Lázaro, recinto dedicado al cuidado de los leprosos, en el cual permaneció durante 19 años, o sea, hasta 1862, cuando este nosocomio cerró sus puertas para siempre. En esta institución —de consuno con el doctor Ignacio Alvarado— realizó estudios exhaustivos sobre la evolución y alteraciones de la lepra, que se plasmó en una obra de gran valía y pulimento, intitulada Opúsculo sobre el mal de San Lázaro o elefanciasis (sic) de los griegos, presentada en 1851 en la Academia Nacional de Medicina de Méjico, a la que ambos pertenecían.

Temahuiztilli cuahuitl y otras seis plantas medicinales (Códice Cruz-Badino). Foto tomada del libro Arte y ciencia en la Historia de México de Elías Trabulse, Fondo Cultural Banamex, A. C., 1995, Pág. 57.

Se debe mencionar que el doctor Nájera se desempeñó dentro de la Escuela de Medicina a partir de 1845 como profesor adjunto, profesor de medicina legal y, finalmente, en 1851 gana por oposición la cátedra de patología interna, que desempeñó hasta 1886, año de su muerte. Fungió como director de tal centro de estudios en dos ocasiones, de diciembre de 1873 a enero de 1874 y otra en 1885, desempeñándose con talento al igual que cuando fue designado, también en dos ocasiones para ocupar la presidencia de la Academia Nacional de Medicina en 1869 y en 1880.

Aparte de su dedicación a la medicina, nuestro personaje logró reunir numerosas obras de arte, principalmente pinturas novohispanas que, en su tiempo, pasaron como una de las más valiosas colecciones artísticas de nuestro país. Cabe mencionar que existe un librillo escrito por Lucio titulado: Reseña histórica de la pintura mejicana en los siglos XVII y XVIII, editado en México por la Secretaría de Fomento en 1886.

Pasando ahora al tema de nuestro interés, que es la relación del doctor Nájera con la escuela de Medicina de Puebla, habría que subrayar que fue un hombre que se distinguió por su pensamiento liberal, oponiéndose con vehemencia a que nuestra nación fuera gobernada por un emperador traído del exterior.

Sin embargo, en su calidad de hombre de ciencia, preocupado por el avance y progreso de las ciencias médicas, tuvo que dejar de lado y olvidarse, por un momento, de sus inclinaciones partidarias para estar en posibilidades de opinar y dictaminar —según su "leal saber y entender"— sobre lo que el mismo gobierno le solicitaba con respecto de la escuela de Medicina de Puebla.

Según consta en documentos guardados en el Archivo Histórico de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México2 , fue el gobierno imperial de Maximiliano de Habsburgo quien solicita a la dirección de la escuela de Medicina de la capital del país un informe sobre la eficacia de la enseñanza de la medicina en Puebla, basándose, según se consigna, en los conocimientos que hayan arrojado los alumnos en los exámenes que en esta institución se les hubiesen aplicado. Sin embargo, esto era casi imposible de demostrar, ya que los alumnos no tenían la obligación de sufrir nuevamente exámenes de los ramos y materias ya aprobadas y certificados por los colegios, escuelas, institutos o establecimientos autorizados3 . Teniendo en consideración lo anterior, la dirección de la escuela de Medicina de Méjico, sugiere se lleve a cabo una investigación directamente en la escuela de Puebla, pues se tenía la firme convicción de que en dicha escuela se seguían arrastrando algunos vicios que en años anteriores4 habían terminado con su clausura.

Aplicación de las cucharas de Mesnard, y fantástica representación del feto en el útero, que con toda justificación se publicó con la nota de que "Joseph Bentura lo inventó". Grabado y texto tomados de Raudón Cirujano Poblano de 1810, Ed. Ciencia, México 1949, pág.165.

Fue aquí fundamental el papel que jugó don Rafael Lucio, pues es él, el encargado de realizar un "dictamen relativo a la clausura de la escuela médica de Puebla". En dicho informe, que consta de dos fojas, puso en claro el talento adquirido por más de 20 años de profesión, pues analiza tres puntos clave para dar una conclusión. En primer lugar discute sobre la escasez de los médicos y elementos necesarios para proporcionar la instrucción médica suficiente en la escuela de Puebla; en segundo hace un análisis de lo que el gobierno puede proporcionar a la institución para su mejor funcionamiento como lo son los gastos para la formación de anfiteatros, laboratorio de química, gabinete de física, colecciones, instrumentos y sobre todo el número suficiente de profesores inteligentes y dedicados a la enseñanza; el tercer punto que toca es, qué tan beneficioso sería que el gobierno ordenara abrir la escuela y gastara gran cantidad de dinero en el abastecimiento de materiales, si la enseñanza médica de la institución sería cualitativamente inferior.

Por otra parte, además de los puntos analizados, el doctor Nájera dejó ver que tenía un gran sentido y conocimiento del entorno social, no solo de la ciudad de México sino del país entero. Esto se puede palpar fácilmente, por ejemplo, en sus comentarios acerca de los poblados pequeños que carecían de médicos. A este respecto, señalaba que la causa de esta situación no obedecía a factores fortuitos, sino a los problemas económicos y sociales que enfrentan dichas comunidades.

En su informe pone también atención a un problema que en ese momento estaba tomando fuerza a lo largo y ancho del país: esto es, el fenómeno del "charlatanismo", hecho que por lo demás se repite a lo largo de la historia de la medicina en nuestro país, e incluso en la humanidad entera.

Después de tocar todos los puntos mencionados, su informe concluye con la siguiente observación: "...No teniendo la escuela de Puebla los medios suficientes para dar bien la enseñanza... es conveniente su clausura".5 

Finalmente este dictamen fue aprobado por la junta de catedráticos de la escuela de Medicina de Méjico por unanimidad, y fue enviado al subsecretario de Justicia e Instrucción Pública, quien a su vez mandó un oficio al prefecto político de Puebla en el que, además, transcribe el decreto en el que su majestad el emperador Maximiliano, ordena la clausura del Establecimiento de Puebla hasta que no se dispusiera otra cosa6 

 

No. 25                                                             Año de 1863

Escuela de Medicina de Puebla

El Supremo Gobierno pide informe sobre su utilidad y si es conveniente que subsista.


Palacio Imperial
México. enero 13 de 1884

Hoy digo al Sr. Prefecto político de Puebla, lo que sigue:

" La regencia del Imperio en consideración á quien .....las mismas circunstancias que en de Marzo, de 1885 motivaron la clausura del Colegio de Medicina de esa Ciudad, sin que se advierta para su restablecimiento, ... por el Gobernador ... en 5 de Octubre del mismo año, otra razón que la del restablecimeinto, también del sistema político federal, habiéndose abolido este y hallandose tan inmediata la ciudad de Puebla á esta Capital del Imperio, donde los jovenes que quieran dedicarse á la carrera médica parecen alcanzar una instrucción muy eficaz y mas completa; se ha servido declarar subsistente la citada suprema resolucion de 7 de Marzo de 855. ordenando que tenga su cumplimiento= y los comunico á V.S. para su inteligencia y efectos correspondientes copia certificadas de la mencionada disposicion."
Y lo traslado á V.S. para su conocimiento adjuntandoigualmente copia de la resolucion á quien se refiere la comunicacion anterior
El Subsecretario del Despacho de Justicia e Instrucción Pública.
J. Raigoza

Director de la Escuela de Medicina de esta Capital.

Dos documentos, el primero es la solicitud del informe sobre la escuela de medicina de Puebla, el segundo es la solicitud del restablecimiento de la escuela.  Documentos del apéndice. Fondo escuela de Medicina y alumnos. Exp. 402. Archivo Histórico de la Facultad de Medicina de la UNAM.

 


* Historiador de la UNAM
** Médico cirujano y partero

1. Archivo Histórico de la Facultad de Medicina de la UNAM. Fondo escuela de medicina y alumnos
2 Este expediente está consignado en el apéndice del Fondo escuela de Medicina y alumnos, identificado con el número 402.
3 Los alumnos estaban protegidos por una ley expedida el 1º de septiembre de 1851, en la que se les permitía ser admitidos, cuando eran foráneos, a cursar las materias que les faltaron de la carrera de Medicina, sin tener necesidad de ser nuevamente examinados de las cátedras ya cursadas en sus estados de origen.
4 Se debe mencionar que por motivos diversos, no convenientes a la enseñanza de la medicina en Puebla, la escuela ya había estado cerrada nueve años antes, es decir, en 1855.
5 Este dictamen está firmado por Rafael Lucio a nombre de la comisión el día 28 de marzo de 1864.
6 El decreto de clausura como tal, es decir el que da el Emperador, está fechado el 4 de julio de 1864, pero en este se dispone subsista la orden de la Regencia Imperial que por el mismo motivo de clausura se había dado el 13 de enero de ese mismo año.

 

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